sábado, febrero 25, 2006

2. La Prisión de la Ignorancia

LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")

Tras los primeros segundos de duda, la Reina-Madre echó mano de sus dotes de mando y dijo a la joven e impaciente abeja:

- Mira Abi, yo no puedo cambiar tu destino. Además, no veo por qué te preocupa tanto vivir cuarenta y cinco días si al final todas vamos a morir.

- ¡Uf! Reina-madre, no es igual. Usted abejea, yo no.

- ¿Abejeo? ¿Qué significa eso?

- Pues que tiene contacto carnal con los zánganos y además de pasárselo bien, tiene descendencia. En cierto sentido es inmortal. Y las demás abejas, pues ya sabe, ni diversión ni descendencia.

(Entonces pensó la Reina-madre: "Menudo hueso me ha tocado; con crisis de adolescencia incluida. ¿Qué habré hecho yo mal para alumbrar semejante espécimen? Un zángano ebrio, seguro.")

- ¡Guardias! ¡Encerradla! Abi ha perdido el juicio.

Las cuatro centinelas que estaban junto a la puerta de la alcoba real, entraron para conducir a Abi a una celda-prisión. La pobre Abi, dada su juventud, ni siquiera sabía qué había hecho mal.

De camino a su celda-prisión, si dio cuenta de que, en realidad, no sabía predecir el futuro porque de haber sabido las consecuencias de su entrevista, nunca habría ido a ver a la Reina.

Las centinelas la obligaron a tumbarse dentro de un celda vacía y llamaron a una abeja cerera para que la cubriera de cera, dejándole sólo un huequito para respirar. ¡Una tumba en vida!

Afortunadamente, al segundo día de su permanencia en prisión; la capacidad de Abi para ver más allá de lo aparente volvió a funcionar. Por el olor y el ruido exterior (sus compañeras de profesión pasaban transportando el polen en sus patas traseras y lo soltaban en las celdas-despensas sacudiendo sus extremidades) concluyó que su celda-prisión estaba junto a la zona de almacenaje del polen.

Durante la noche cuando las centinelas estaban menos alertas, Abi comenzó a rascar con sus patas la cera que cubría su celda y al amanecer se encogió un poquito a fin de que pareciese que la celda estaba vacía. Con el nuevo día, hubo un cambio de guardias y comenzó el trajín de las abejas obreras. Éstas al ver que la celda-prisión estaba abierta y vacía, la confundieron con una celda-despensa y empezaron a soltar polen. Al cabo de unas horas, Abi estaba completamente cubierta de polen y, entonces, sacando fuerzas del deseo, se propulsó hacia fuera con sus patitas traseras y echó a volar envuelta en una nube de polvillo. Las centinelas y las abejas obreras, al tomar a Abi por un ser monstruoso (aún no habían aprendido a ver más allá de lo aparente) salieron huyendo.

Cuando se hubo alejado casi un kilometro de su colmena y tras comprobar que no la seguían, se posó en una flor a descansar y a coger alimento. Y sólo entonces comenzó a idear un plan....©2006 Andrea Recol

(Continuará...) Para ir al capítulo 3, pincha aquí

sábado, febrero 18, 2006

1. ¡Vaya fujada!; lo sé todo

LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")

En la región denominada "Hierbo Verdo", al sureste de un país llamado "Latino", había un enclave lleno de colmenas.

La región era ideal para la proliferación de la vida abejuna, ya que "Hierbo Verdo" había sido galardonada por la naturaleza como entorno natural. Además de poseer una época de lluvias estable que permitía que la vegetación estuviese bien alimentada de agua; su equilibrio ecológico era admirable. Los árboles frutales estaban bien situados respecto al sol, la luna y demás astros y las corrientes subterráneas, al igual que las plantas con sus flores, la hierba, los animales e insectos. Todos los seres vivos, por una vez en la historia abejuna, compartían en armonía su medio.

Las abejas trabajaban laboriosamente todo el día produciendo la mejor miel de todo Latino; que era famosa en el mundo entero. En los supermercados se distribuía con el nombre de "Miel Dorada" y los lugareños simplemente la llamaban "Oromiel".

En una de las colmenas de "Hierbo Verdo", nació una abeja obrera con una extraordinaria peculiaridad: al segundo día de vida, supo cuál sería su destino.

Cómo había ocurrido semejante disparate evolutivo era un absoluto misterio. Lo único cierto era que Doña Abi González, a la temprana edad de dos días, era consciente de que:

- A la edad de seis días se convertiría en niñera de las larvas.
- A la edad de trece días sería productora de cera, y constructora de las celdas de la colmena.
- A la edad de diecinueve días saldría a explorar el mundo y traería néctar y agua a su colmena.
- Y, finalmente, a los cuarenta y cinco días moriría.

Con semejante información en de su cabecita, no era extraño que Abi alojase dentro de sí el pensamiento y la necesidad de rebelarse. Por ello, con tan sólo dos días de edad, se plantó en la cámara de la Reina y pidió audiencia. Las centinelas soltaron unas sonoras carcajadas; jamás ninguna abeja obrera había osado antes acercarse siquiera a la sala de guardias.

- Juajajua- la centinela Maricarmen tumbada en el suelo, se apretaba la barriguita con sus patitas y no paraba de reír.
- No te reirías tanto Maricarmen, si supieras que vas a morir a la edad de cuarenta y seis días.- le dijo Abi desprendiendo un aire de extremada seguridad en sí misma.
- ¿Cómo sabes tú eso? ¡Qué tontería!
- ¿Tontería? A la edad de seis días fuiste nodriza, a la edad de trece días produjiste cera y fuiste constructora de celdas y ahora que tienes veinte días eres centinela, tal y como fuiste programada al nacer. Eso significa que te quedan exactamente dieciséis días de vida.

Como la secuencia de hechos que había relacionado Abi sobre Maricarmen era exacta hasta el día veinte, tanto ella como las demás centinelas miraron a la abeja agorera con una mezcla de asombro y estupor. Consultaron entre ellas lo que debían hacer y finalmente, por temor y respeto ante lo desconocido; decidieron dejarla pasar a la cámara de la Reina; arriesgando incluso su propio pellejo abejuno.

La Reina se encontraba tan ocupada poniendo huevos que ni siquiera escuchó que Abi entraba en su aposentos.

- Reina-madre, me llamo Abi González y me gustaría saber por qué he de morir a los cuarenta y cinco días de edad.
- ¡Ejem!-espetó la Reina al tiempo que expulsaba otro huevo y giraba su cabeza para ver el condenado rostro de la abeja que se atrevía a perturbarla.
- ¡Contésteme, por favor, Reina-madre! - exclamó Abi con un cierto tonito de desesperación.
- ¿Cómo has osado entrar aquí, obrera? Le preguntó la Reina escupiendo ira por la mirada.
- Me trae la fuerza del destino - contestó Abi con la misma convicción que había demostrado ante las guardianas.
- ¿Y quién demonio es el destino? Preguntó la Reina
- Verá....desde que nací, sé que a la edad de seis días me convertiré en niñera de larvas, a la edad...-continuó Abi relatando a la Reina la secuencia de etapas de su futura vida.

La certeza con que Abi predecía la cronología de una típica vida de abeja obrera, captó finalmente la atención de la Reina, la cual dejó de poner huevos y se dio la vuelta por completo para poder hablar cara a cara con la visitante.

- ¿Cómo sabes todo eso? Le preguntó.
- Simplemente, lo sé.
- ¿Y qué pretendes que haga yo?
- Pues...que cambie mi destino.

Después de escuchar semejante ruego, la Reina-madre creyó que se convertiría en abeja de cera como consecuencia de la gran impresión experimentada. Ella, que lo único que sabía era poner huevos; ¿iba a ser capaz de cambiar el destino de una abeja obrera? ¡Por todas las abejas del reino abejuno!, jamás pensó que podría encontrarse un día con semejante acertijo. ¿Estaba acaso destinada a cambiar el rumbo de su organización?©2006 Andrea Recol

(Continuará...) Para ir al capítulo 2, pincha aqui

(¡Vaya fujada! diréis; otra vez Andrea con sus entregas que no acaban nunca. Lo siento. Esta historia me acaba de llegar a la cabeza y está actualmente en incubación; por eso la serie se llama "Cuentos en incubación". En cuanto reciba la próxima entrega, la posteo. Lo prometo. Un beso a todos y muchas gracias por aguantarme.)

domingo, febrero 12, 2006

EL LOBITO VIGILANTE


En una manada de lobos, nació un lobezno que no sabía muy bien qué hacer con su vida.

A medida que iba creciendo, era más evidente que la caza no era lo suyo. Le aburría mortalmente.

A él, lo que de verdad le gustaba, era charlar (y a decir verdad, lo hacía bastante bien). Quemaba su tiempo siguiendo a uno y otro lobito, con la intención de iniciar una conversación amena. Pero como todos estaban muy ocupados, sólo conseguía que al cabo de unos instantes le dejaran solo, con la palabra en el hocico.

Un día (cuando ya la manada estaba pensando en expulsarlo por no contribuir en la obtención de alimento) se dio cuenta que, quizá, lo suyo era realizar las tareas de gobierno de la manada, que entonces realizaba un grupo de lobos jefes. Los observó durante una semana y llegó finalmente a la conclusión que ésa era su verdadera vocación: mandar al resto de la manada.

Los lobos jefes eran tres y eran elegidos, cada cierto tiempo, por el resto de los lobos según sus méritos. El lobito vigilante, que desde lo alto del monte avisaba con sus aullidos la llegada del hombre; el lobito administrador, que decidía sobre la distribución de alimentos y, por último; el lobito jefe mayor, que casi siempre permanecía dentro de una cueva tumbado (calentito y bien alimentado por los otros lobos) para atender consultas y decidir sobre las cuestiones cruciales para la manada.

Supo, rápidamente, el lobito aspirante a jefe que el puesto que más le gustaba era el del lobito jefe mayor; ya que éste era el lobo más poderoso de todos y que, al parecer, el que mejor vivía.

El lobito aspirante a jefe mayor, decidió empeñarse en conseguir su objetivo. Se dedicó de lleno a cazar para poder hacer obtener reconocimiento de sus hermanos. El resto del tiempo lo empleaba en observar el comportamiento de los lobitos jefes para detectar fallos y, aprovechar cualquier coyuntura para criticarlos y decir que él era mucho mejor que los tres lobos jefes juntos.

Hasta que un día surgió su gran oportunidad.

Al parecer, había habido una pelea entre los tres lobitos jefes y uno de ellos; el lobito administrador, empezó a hablar mal de los otros dos. Al final hubo una gran gresca entre los tres y todo el mundo terminó enterándose de las desavenencias y errores de los gobernantes. Dieron tan mala imagen a sus congéneres, que la manada decidió convocar elecciones y elegir a un nuevo triunvirato.

El lobito aspirante se presentó como candidato, conjuntamente con otros dos lobitos, razón por la cual los tres salieron elegidos como gobernantes.

No obstante, no todo fue del agrado del lobito aspirante porque a él le dieron el puesto de vigilante; y no el de el jefe mayor. Ideó entonces un plan para hacerse con el mejor puesto.

El plan consistía en conspirar con el lobito administrador de los alimentos en contra del jefe mayor.

Haciendo uso de su locuacidad y teniendo cuidado de no caer en el mismo error que había derrocado al anterior gobierno de la manada, se pasaba el día hablando con el lobito administrador sobre planes alternativos para mejorar las condiciones de vida de la manada, sin llegar nunca a criticar directamente al lobito jefe mayor. Una vez que convencía al lobito administrador, se aseguraba de que éste mismo se ocupase de correr la voz por la manada, sobre las grandes ideas y dotes de mando del lobito vigilante.

Tanto empeño ponía en su propósito, que muchas veces abandonaba su puesto de guardia para conspirar con el lobito administrador. El lobo mayor nunca se llegaba a percatar de las ausencias de su subordinado porque le había cogido gustito al calor de la cueva y le daba pereza salir a supervisar las labores de los otros dos lobos gobernantes.

Una tarde de invierno, cuando el lobito vigilante no estaba en su puesto de vigía, aparecieron los hombres (los más acérrimos enemigos de los lobos) y cazaron a un par de lobos.

Tras el percance y una vez serenados los ánimos de la manada, todos los ojos se volvieron hacia los gobernantes y, en especial, hacia el lobito vigilante por haber abandonado su puesto de trabajo. Tampoco se salvaron de las critícas el lobito administrador (por haber estado hablando con el vigilante durante su tiempo de trabajo) ni el lobito jefe mayor (por no haber sabido controlar el trabajo de sus subordinados).

La manada decidió de inmediato convocar nuevas elecciones y salieron elegidos otros tres nuevos lobos.

Y, así fue como acabó la carrera política del lobito aspirante a jefe mayor. ©2006 Andrea Recol

sábado, febrero 04, 2006

LA BACTERIA COTILLA


Una bacteria de un catarro común que tenía afanes de grandeza, entró en el cuerpo de un hombre para hacerse con su control. Pensó que la mejor estrategia de ataque era conseguir toda la información disponible en el medio y el mejor método para conseguir tal fin, era preguntar.

Para acceder al interior del cuerpo, la bacteria nadaba alegremente dentro de una arteria cuando, casualmente, se encontró con una sorprendente partícula.

Era un molécula más pequeña que la bacteria, con bordes muy perfilados, que emanaba una sorprendente seguridad en sí misma.

Ambas entraron inmediatamente en conversación.

- Soy periodista y estoy haciendo un reportaje sobre el cuerpo humano-dijo la bacteria, mintiéndole descaradamente a la partícula. Me gustaría hablar con los jefes de por aquí. ¿Sabe usted dónde puedo encontrarlos?- añadió.

- Da usted con el interlocutor adecuado- contestó la partícula.

- Sí, ¡qué alegría! ¿me podría decir su nombre?

- No es bueno que quienes andan por aquí y son mis subordinados conozcan mi verdadero nombre y categoría; podrían perder el control de sus actos y eso no beneficiaría a nadie. ¿Usted me entiende? Digamos que me llamo "Partícula".

- Bien, señora Partícula, encantada de conocerla. Yo me llamo "Cotilluscoca" y trabajo para un importante medio de información llamado "Aniquilus Masivus".

Tirando del halago -que derrite y domina a todos los seres del universo- la bacteria continuó con su charleta.

- Siendo usted, como se ve claramente, un organismo superior, ¿me permitiría que le hiciera unas cuantas preguntas?

- Sí, sí. Ni un problema, pregúnteme, que para informar estamos.- contestó la misteriosa partícula.

- ¿Qué destacaría de su labor dentro del cuerpo humano?

- No es exactamente una labor. Verá, somos un grupo de partículas que lo dominamos todo.

- ¿Cómo así ? ¿De dónde venís? ¿Quiénes sois?- La curiosidad por conocer mejor a Partícula carcomía por dentro a Cotilluscoca.

- Nuestros orígenes se remontan a millones de años. Se sorprendería usted al conocer que, quizá, compartimos algún ancestro común.

- Me halaga, ciertamente, me halaga; pero continúe por favor- dijo Cotilluscoca.

- El tema es complejo y difícil de resumir, por ello, es mejor que le dé algunos ejemplos. Las mujeres y los hombres -ingenuos ellos- piensan que cuando buscan pareja lo hacen sólo siguiendo sus deseos. Es completamente falso. Nosotros les guiamos continuamente; les mandamos mensajes que no pueden desobedecer. A las mujeres les decimos: "buscad a alguien guapo, simpático, a ser posible que cuente con un buen patrimonio." A los hombres les decimos, por poner un ejemplo: "buscad a una pechugona, que seguro que ella amamanta mejor a vuestros hijos."
Convenientemente, además, hacemos que los hombres ignoren el tema de la lactancia y sólo se centren en el tamaño del pecho. En definitiva, todo nuestro interés es encontrar alojamiento en cuerpos que tengan más posibilidades de sobrevivir porque eso garantiza nuestra supervivencia.

- Sin ánimo de ofender, creo que los hombres han inventado el biberón, así que la lactancia es un tema menor.

- Le he dicho que el tema es complejo. Sólo le estoy dando ejemplos simples para que nos entendamos y, sobre todo, para que usted comprenda bien la magnitud de nuestro poder.

- Pero ¿tendréis algún jefe?, ¿alguien que manda más que los otros?- Preguntó la bacteria.

- Los jefes siempre son varios y son aquellos que demuestran con el tiempo mayor capacidad de sobrevivir en el medio donde se alojan.

"Vaya, esta tipeja hace lo mismo que yo. A ver si va a ser una bacteria camuflada. Tendré que irme con cuidado", pensó Cotilluscoca.

- Qué interesante. Siendo usted un personaje de tan impresionante categoría, seguro que le gustaría dejar algún mensaje a la humanidad.

- Da usted en el clavo Cotilluscoca, si no le importa me voy aprovechar de su importancia en el mundo de las comunicaciones de los seres vivos para dejar un mensaje a la humanidad:"Seres humanos del planeta, no mandáis vosotros, mandamos nosotros."

- Sin ánimo de ofender nuevamente, si no dice su verdadero nombre su mensaje no será entendido.

- Bien, ya que estamos llegando al final de esta historia se lo diré: "Soy un gen. En mi caso, trabajo en el departamento de inmunidad bacteriana. Jaque mate, Cotilluscoca."

Y la desgraciada bacteria periodista Cotilluscoca, falleció ipso facto.©2006 Andrea Recol