sábado, abril 22, 2006

8. La increíble transformación (¡FINAL!)

LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")
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Los escuadrones de Abi eran superior en número que los de la Reina pero, como un barco sin capitán navega a la deriva, la ausencia de líder las hacía sentirse huérfanas y tremendamente vulnerables frente al enemigo. Poco a poco, las filas de Abi empezaron a causar algunas bajas. Angustia, desolación, miedo...

- ¿Por qué nos habrá abandonado? Preguntó Fernanda a Jacinta cuando ambas se encontraron tras un árbol tomando fuerzas para volver al ataque.
- No lo sé.
- Moriremos.
- No lo sé.
- Sí, estoy segura, moriremos todas.
- ¡Tenemos que rescatar a nuestras hermanas Fernanda! Nos colaremos en la colmena como sea.

Enfilaron con la decisión de las suicidas hasta el portal de la casa real y cuando estuvieron a unos dos o tres cuerpos de distancia de la entrada, rozaron sus alas para doblar su capacidad de ataque y poder penetrar en el interior de la colmena. Esquivando a todas aquellas que les impedían el paso llegaron por fin dentro y se dieron cuenta que en el interior nadie les atacaría porque sólo había zánganos muy jóvenes (de unos dos o tres días). Preguntaron a los zánganos dónde estaba la prisión y éstos les indicaron el camino sin oponer resistencia alguna. Al llegar, quitaron primero la cera sobre la celda de una prisionera, que una vez libre ayudó a sus intrépidas liberadoras a rescatar al resto.

- ¿Dónde está Abi?- preguntó a Jacinta una de las recién liberadas.
- No lo sabemos.
- Necesita más alimento, sino morirá.
- Debemos encontrarla- dijo otra liberada.
- Moriremos todas- dijo Fernanda.
- Tenemos que conseguir primero que entre en la colmena el mayor número de nuestras hermanas.
- Si salimos, nos matarán- dijo Inés.
- Pidámosle a los zánganos que nos ayuden a dar el aviso. A ésos, les da igual- dijo Rosa.
- Buena idea, buena idea- contestó Jacinta.

Y así fue cómo decidieron dar instrucciones a un grupo de zánganos para que salieran a decirles a las seguidoras de Abi que, poco a poco, intentarán entrar a la colmena. A los zánganos, dada su juventud e ignorancia, aquella misión les pareció un juego; era como jugar al "pilla pilla" pero mucho más entretenido porque, en medio de una gran trifulca, tenían que dar un mensaje secreto a uno de los ejércitos. Sin duda, esperaban darse unos buenos chutes de adrenalina con un puñado de emociones fuertes.

No obstante, nada más dejar la colmena, se encontraron de sopetón con la Reina que tenía ya a los escuadrones de ambos bandos completamente doblegados. La batalla había cesado y todas las abejas, sin excepciones, la seguían. Era una Reina esbelta, de suave rostro iluminado, mucho más joven que el que todas recordaban.

- Para una vez que teníamos un trabajillo, viene la soberana y lo estropea todo. Con lo entretenida que estaba la batalla. ¡Hay que jorobarse!- dijo un zángano al oído de otro.
- Sí y luego dicen que somos vagos.

La Reina penetró sin problemas a la colmena y se encontró de frente con Jacinta y el resto de sus seguidoras.

- No temáis, soy Abi - dijo con voz solemne.

Fernanda y Jacinta empalidecieron del asombro. La pequeña Abi, que contaba ya con diecisiete días de edad, se había transformado completamente, tanto que no parecía la misma: su tronco y sus extremidades eran mucho más largos que los de una abeja obrera. Sin embargo, a pesar de su afinamiento, pronto se descubriría que el interior de su vientre se alojaban miles de huevos, tras haber pasado parte del día con cuatro zánganos.

Las abejas que habían sido hecho prisioneras, en medio de la desesperación, no había tenido tiempo de contar la buena nueva a Jacinta y Fernanda. Estas abejas reaccionaron con la calma de quien conoce su misión, pues el alimento que alcanzaron suministrar a Abi por una vez, era el mismo que el que suministraban a la vieja Reina: jalea real, por lo tanto, había sido fácil para ellas concluir que Abi era en realidad una Reina.

- Y la otra Reina ¿dónde está?- preguntó Jacinta temerosa.
- No os preocupéis, he venido a buscarla.- Era Raimunda quien nuevamente apareció, como por arte de magia, en el interior del abejar.

Raimunda se dirigió sin dudar a los aposentos de la vieja Reina, que permanecía ahí escondida y parecía sollozar en soledad.

- Ha llegado la hora de partir; se ha iniciado un nuevo ciclo - le dijo a la vieja Reina, asomando la nariz en la habitación real.
- ¿Por qué? -preguntó una abeja muy pequeñita y curiosa que observaba de cerca todo lo ocurrido y había escuchado a Raimunda.
- Porque cuando una Reina se hace mayor, sólo engendra zánganos.
- ¿Y los zánganos no sirven de nada?
- No. Sin los zánganos ninguna de nosotras existiría. Pero, si sólo hay zánganos entonces la colmena no puede subsistir. Todos tenemos un importante papel que cumplir dentro y fuera del panal, porque todos somos, en realidad, sólo uno.

Al escuchar las palabras de Raimunda, la vieja Reina accedió a salir y se fue volando junto a ella. Pudo ocupar entonces la cámara real. "¡Vaya fujada! Lo sé todo...y ahora a poner huevos" - pensó entonces con cierta resignación, Abi González, la nueva Reina de la mejor colmena de Hierbo Verdo, en un país llamado Latino.©2006 Andrea Recol

-FIN-

jueves, abril 13, 2006

7. La notable ausencia

LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")
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La angustia y el desconcierto se filtraban por las venas de las seguidoras de Abi ante el presentimiento del fin de su existencia. El oxigeno parecía menguar; sus pensamientos se confundían: ¿era un sueño o era la realidad?, ¿era el fin o era el principio? Segundos eternos, aquellos durante los cuales la respiración derrapa y se aflojan los botones de la esperanza para dejar paso al desgarro más profundo del dolor y la muerte.

- Debemos invadir la colmena para rescatar a nuestras hermanas y conseguir más alimento- dijo Abi súbitamente situándose justo al centro del enjambre. El sol resplandecía sobre la figura de la abeja y, curiosamente, prolongaba su sombra sobre la hierba. Aquel efecto óptico imponía un tono solemne y trascendental a su voz.

No obstante, la inesperada orden llenó de horror a las abejitas, quienes inevitablemente evocaron la cruenta y reciente guerra que acababan de vivir. Entonces, Abi sentenció:

- A veces la vida no nos deja elección. A veces es más fuerte nuestro destino que nuestros supuestos deseos. A veces, en medio del desconcierto, sólo nos quedan las palabras del corazón.
- A veces el corazón se equivoca...- dijo una voz ronca y antigua desde una esquina. Era Raimunda, la reina abejorra destronada que había aparecido inesperadamente entre el tumulto de abejas obreras.
- No, el corazón no se equivoca...la que se equivoca es la razón por inexperta, novata u obnubilada por la ambición.- Recuerdo bien tus palabras Raimunda: "Deberás dominar los otros dos poderes con el poder de tu inteligencia."
- Muy bien, querida Abi. Veo que ya no te hago falta. -concluyó Raimunda y de la misma manera mágica y misteriosa que había aparecido, desapareció entre el enjambre.

Las abejitas se quedaron perplejas ante el intrincado y enigmático diálogo que acababan de escuchar. Sin embargo aquella conversación consiguió darles una pista sobre lo que estaba ocurriendo; tras Abi había una fuerza mucho más poderosa que las mandaba a enfrentarse al otro bando, era la "fuerza de supervivencia".

A continuación, Abi y sus seguidoras acordaron la forma de proceder en detalle. Se asignaron puestos de mando, vigilancia y control, defensa y ataque. Lo destacable del plan (como todos los que se habían trazado con Abi) era que éste no había sido impuesto por una reina sino que había sido distendidamente consensuado por todas las abejas obreras. De este modo, la implicación y responsabilidad de las participantes en la invasión era mucho mayor.

Extrañamente, en el momento en que Jacinta (que había sido nombrada Capitana Mayor) se disponía a dar la orden de salida del primer escuadrón, las seguidoras de Abi vieron aproximarse a sus bases a un grupo de cuatro zánganos jocosos que, con toda seguridad, iban de juerga a una nectaralia (bar, en términos abejunos).

- ¡Aaaltooo!- les ordenó Jacinta- ¿de dónde venís?
- De una colmena que está a unos quinientos cuerpos de aquí- contestaron los zánganos, un tanto asustados y deteniéndose en seco ante temible mirada de la Capitán Mayor.
- Jacinta- dijo Abi aproximándose a donde estaban los zánganos- proseguid como hemos acordado, yo acompañaré a estos caballeros por buen rumbo. Y Abi se marchó con ellos guiándoles para que encontraran la salida de su territorio.

Mientras tanto, las abejitas se fueron dividiendo en escuadrones que, estructuradamente, cubrían todos los frentes necesarios para invadir el abejar. Despegaron, uno, dos, tres y hasta diez escuadrones. Iniciado el vuelo, todos los batallones se encontraban con zánganos de frente en los mismos corredores de vuelo. Siempre que se les preguntaba su origen; todos contestaban que venían del mismo panal al que se disponían a atacar.

Cuando los escuadrones estuvieron a la misma altura para iniciar el ataque y a una distancia de tan sólo veinte cuerpos de abeja de la colmena, hubo unas milésimas de segundos de duda originada por la ausencia de su líder en el momento cumbre. Pero la suerte ya estaba echada.

- ¡Aaal aataaaqueee...! -fue la voz de mando de Jacinta y los diez escuadrones de Abi se desplegaron como una capa rodeando la colmena.

La Reina desde dentro de su casa, dio rápidas e improvisadas órdenes a sus mejores lugartenientes para contraatacar. Se inició nuevamente un combate. Desafortunadamente, esta vez la sensación de angustia que experimentaban las atacantes era infinitivamente peor que en la anterior batalla porque no contaban con la presencia de Abi. La notable ausencia se colaba por las tuberías de la ignorancia y conseguía corroerlas por dentro, igual que el agua corroe el hierro.

¿Era Abi una cobarde impostora ?, ¿las había engañado todo el tiempo ? ¿dónde estaba el poder de su inteligencia? ¿por qué había preferido acompañar a cuatro zánganos juerguistas antes que luchar cuerpo a cuerpo?©2006 Andrea Recol

(Continuará...)

domingo, abril 02, 2006

6. La difícil decisión

LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN") Para ir al capítulo 1, pincha aquí

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Cuando la Reina regresó a la colmena se encontró con una gran tragedia: las pocas abejas nodrizas que se habían quedado no habían sido capaces de cuidar de las larvas y muchas habían muerto. La Reina no se paró un minuto a pensar; dio órdenes para que se eliminarán las larvas muertas y empezó nuevamente a poner huevos como si en ello se le fuese la vida.

Mientras tanto, Abi se sentía exhausta tras tantos avatares y deseaba reflexionar sobre lo ocurrido. Tenía exactamente diez días y le parecía que había vivido cien. Para darse fuerzas sorbía el néctar de una flor al tiempo que recordaba las palabras de Raimunda, la reina abejorra destronada:

"Dado que no tienes el poder del néctar, te quedan tres poderes con los que puedes cambiar la jerarquía de tu mundo; uno es el poder de las masas, el segundo es el poder de la muerte y el tercero es el poder de tu inteligencia. Siempre debes dominar el poder de las masas y el de la muerte con el de la inteligencia. Si no lo haces así, fracasarás en tu empeño."

No comprendía por qué le había dicho Raimunda que no tenía el poder del néctar ya que ella consideraba que sí lo tenía; era cuestión de sorber una flor....No obstante, sí le acababa de quedar claro el significado y la importancia del poder de las masas y del poder de la muerte. En esta última palabra (muerte) se atascaron sus pensamientos. Algo oscuro la rompía por dentro cuando pensaba en las miles de muertes inútiles acaecidas. No sabía exactamente cómo expresar ese sentimiento....dolor, ira, no, no...era odio, sí odio. El odio que contamina la sangre igual que un veneno, y se multiplica como las víboras deseosas de más muerte.

Al punto se dijo: "no, no, no debes dejar que la ponzoña se apodere de tus entrañas. Si la dejas penetrar, te aniquilará a ti también". Por ello, decidió volver a la gran incógnita: ¿qué era el poder del néctar? Y según paladeaba una gotita del dulce zumo, se dio cuenta que sentía un hambre diferente; apetito de algún otro alimento que era incapaz de visualizar. Al instante vio pasar a un zángano volando a muy poca distancia suya y supo que tenía que volver a la colmena. Como sabía que los riesgos eran muchos, decidió compartir su sentir con el grupo.

Se situó justo enfrente del enjambre que revoloteaba cerca del hueco del árbol que les servía de refugio y les explicó su súbita necesidad de volver a la colmena.

- Ninguna de nosotras somos reina; si no volvemos sucumbiremos en cuestión de días.
- Si volvemos, habrá otra guerra -replicaron algunas abejas.
- La mejor guerra es la que nunca tiene lugar- afirmó Jacinta.
- Deberíamos primero mandar una espía - propuso Sara.
- Quizá sea mejor no ir - sentenció Manuela.

Todas las que quisieron hablar expresaron su punto de vista, hasta que finalmente Abi concluyó:

- La que quiera que me siga; la que no puede marcharse donde le apetezca. Para aquellas que quieran seguirme os diré que llevaremos acabo la vuelta con mucha cautela. Me adelantaré primero yo sola para estudiar el terreno; a mi vuelta concretaremos la estrategia.

Ninguna quiso finalmente desertar y Abi pudo entonces sacar fuerzas de ese apoyo incondicional de quienes creían en ella. Preparó sus alas con una fuerte batida previa y a continuación, sin titubear, enfiló el vuelo hacia el panal. Mientras, sus seguidoras se quedaron temiendo por su vida (la de Abi y la suya propia) en el hueco del olmo.

El primer obstáculo de Abi, fue sortear dos puestos de centinelas que vigilaban la frontera entre el territorio suyo y el de la Reina. No le costó trabajo porque era muy hábil volando y sabía prever los movimientos de las contrarias. Finalmente, las burló siguiendo a un zángano; que con su olor aplacaba el suyo propio y hacía desaparecer su rastro.

Cuando ya se encontraba a tan solo unos metros del abejar, la envolvió una brisa familiar que le dio la pista sobre el alimento que su cuerpo reclamaba. El olor que desprendía el aire la hacía sentirse gratamente en calma, al igual que cuando los hombres perciben el olor del pan recién horneado. No recordaba el nombre de dicho manjar, pero lo pudo reconocer en las abejas que merodeaban por el panal. Extrañamente, ese alimento sólo lo llevaban en las patas las abejas del bando de la Reina, no sus seguidoras. Y desgraciadamente, sentía que si no se alimentaba con él, no podría seguir viviendo.

Volvió otra vez a su base en el hueco de un olmo, eludiendo otra vez con destreza de líder a las centinelas. Al llegar, hubo de tomar la decisión más difícil de su vida. Pidió a algunas de sus abejas que fuesen a la colmena en son de paz y se pusiesen a trabajar para la Reina a fin de producir dicho alimento y traérselo a ella. Las pobres abejitas no alcanzaban a comprender porqué Abi les pedía semejante sacrificio y algunas se rebelaron al menos de palabra.

- Nos matarán. Recordad lo que dijo la Reina al iniciarse la batalla, que nos decapitaría.- dijo Jacinta.
- Bueno, sí te hemos seguido hasta aquí Abi, que más da. Iremos- decidió Alberta.
- Sí, iremos- dijeron otras.

Finalmente, diez se presentaron voluntarias. Abi acordó con el resto cómo ayudarían a la avanzadilla a conseguir el objetivo, vigilando de cerca lo que ocurría desde distintos corredores aéreos. Cuando las diez voluntarias llegaron a la colmena; las centinelas les cerraron ferozmente el paso.

- Reina-madre en la puerta hay diez abejas desertoras del grupo de Abi que quieren volver a trabajar con nosotras. ¿Qué hacemos? Preguntó una centinela mensajero que venía desde la entrada.
- Dejadlas entrar. En estos momentos, necesitamos todas las manos y patas posibles para trabajar y sacar adelante la colmena. Pero cuidado, vigiladlas de cerca.

La centinela mensajero volvió a la puerta a dar las instrucciones recién recibidas y las diez voluntarias pudieron entrar. Desde lejos vigilaban también Abi y sus seguidoras llenas de inquietud.

Al cabo de unas horas, las abejas de Abi ya estaban produciendo el misterioso alimento y no les fue muy difícil llevárselo a su heroína, pues debían volver continuamente a las flores a recoger polen y néctar. Con el entusiasmo de poder ayudar a Abi, no se percataron que estaban siendo seguidas y tras alimentarla con el exquisito nutriente, enfilaron nuevamente el vuelo hacia el abejar para traer más. No alcanzaron a llegar; en el camino las esperaba un batallón de abejas policías que les cerraron el paso y las condujeron a la colmena para encerrarlas.©2006 Andrea Recol

(Continuará...)