martes, mayo 23, 2006

3. La historia de mi vida

EL AGENTE CASUALIDAD (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")


Recuerdo perfectamente el momento en que enchufé el lápiz de memoria al ordenador y pude leer las primeras palabras que aparecieron en la pantalla. La sensación fue la de quien abre una puerta conocida y se encuentra de sopetón con un extraño. Confieso que me embargó la duda; no sabía si seguir o parar; si cerrar el documento y tirar el lápiz de memoria a la basura o mirar. Pero, la curiosidad -como casi siempre- fue más fuerte que la duda.

Pinché con el ratón un documento denominado "La historia de mi vida" para abrirlo y comencé a leer un conjunto de frases que se iban escribiendo, misteriosamente, justo en el momento en que yo posaba mi vista sobre ellas:

"Estoy en peligro; a punto de extinguirme (que no de morir). Por favor, ayúdeme; se lo ruego, se lo suplico; no me quiero extinguir. Esto no es una broma; no, no soy un vendedor de Carrefour, ni regalo lápices de memoria -como dicen algunos- ni tampoco soy un ganster, soy simplemente un ser a punto de desaparecer para siempre.

Sí, sé que se está preguntando porqué la elegí a usted para que diera a conocer mi historia. Muy fácil, usted tiene un blog. Sí, ya sé que lo visitan pocas personas; pero de momento no me interesa ser El Koala ni La Terremoto del Alcorcón. De haber querido esa opción hubiese acudido a youtube. ¿Me comprende? No, no se ría; que es serio. En fin, que me interesa usted porque tiene un puñado de lectores; que en algo -pienso yo- me podrán ayudar. Ellos; ellos tienen un poder...

Pero, empecemos por el principio.

Es absolutamente necesario que usted me comprenda; de lo contrario no podrá ayudarme. Por eso le contaré la historia de mi vida. Le pido disculpas de antemano por el aburrimiento que quizá este texto le pueda producir. Para hacerle la lectura más amena he incluido algunas imágenes...."



Si dejaba de leer el texto, se borraba...¡estaba vivo!

(Continuará...) ©2006 Andrea Recol

sábado, mayo 20, 2006

2. El lápiz de memoria

EL AGENTE CASUALIDAD (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")




Estábamos justo a la entrada del servicio donde yo había acudido para terminar de limpiarme el café.

-No soy humano -dijo- y para demostrarlo tiró con sus dedos del extremo de la piel de un brazo igual que si abriera una cortina; así dejó expuesta su invisibilidad ante mis incrédulos ojos.

Antes de que pudiera azotarme la más absoluta perplejidad, añadió:

-Busca las secuencias de hechos; ahí me encontrarás.

-Toma, échale un vistazo; sacó de su bolsillo del pantalón un lápiz de memoria y me lo entregó.

- ¡Hasta la próxima!, al punto se dirigió hacia la salida de la Cafetería. Le vi marcharse con su mujer.

Entré al servicio para recuperarme del susto. Mi respiración estaba alterada; "f...f...f..."

Me miré al espejo; cogí el lápiz de memoria que había guardado en el bolsillo del pantalón y lo acaricié con mis dedos; sí era real.

¿Quién era ése señor? ¿Por qué se había dirigido a mí?

Aún no lo sé; sólo puedo decir que cuando salimos Fernando y yo de la Cafetería; sólo ansiaba llegar a casa y ver qué contenía el "pen drive de 1 Giga".
©2006 Andrea Recol

sábado, mayo 13, 2006

1. La Presentación (El AGENTE CASUALIDAD)

(DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")


Lo conocí un día casualmente en una cafetería por culpa de un café. Sí por culpa de un café.

Yo me disponía a pedir un café en la barra cuando sentí que me quemaba la piel un líquido caliente; miré mi brazo y vi que la manga corta de mi camiseta blanca, se había vuelto marrón y que el café había llegado salpicando hasta mis zapatos.

-Perdón, perdón. Lo siento. Lo siento.

Él y su mujer (supongo que era la señora que estaba a su lado), me empezaron a secar el brazo izquierdo con pañuelitos de papel.

El señor, de unos cincuenta años, bigotillo blanco, gafas y poco pelo, parecía absolutamente abrumado por haber realizado tal fechoría: quemarle el brazo con café a una señora frente a la barra de un bar.

- Perdone, lo siento.
- Fui yo la que le empujé sin querer. Decía su mujer.
- No se preocupe, a cualquiera le puede pasar.
- Camarero, cóbrese usted los cafés de estos señores.
- No, no -dijo Fernando- no hace falta.
- Sí, sí, dijo el derramador de café; faltaría más. Les invitamos al café.

Después de aquel incidente; supe que había conocido "al Agente Casualidad" y que tenía que contar su historia, porque al menos a mí me parece absolutamente fascinante.

...Lo primero que me dijo fue: "Andrea, en esta vida nada es casual." ©2006 Andrea Recol

martes, mayo 02, 2006

Descanso

Trabajo igual que un bombero encargado de rescatar a contreloj a una moribunda. También soy yo ésa moribunda; aprisionada por los hierros del tiempo que amenaza con desertar y dejarme con la tareas de mi vida inconclusas. Después de tanto esfuerzo, el cuerpo del bombero se rebela y dice: "¡No!", un no rotundo que señala igual que un stop, el peligro de no parar.
Lo único bueno de trabajar así es que mi capacidad de apreciar los pequeños momentos de descanso se vuelve inconmensurable, de la misma forma que es inconmensurable el placer que produce el primer alimento que cae en la boca de un hambriento.

Mi extenuación se evapora con el fresco olor del mar, la arena tibia que besa mi piel, el sol que penetra por mis ojos y enciende mis sentidos. Me recreo en mis pensamientos, que por un par de días, consisten en decidir si tomaré fideuà, paella o buen pescado. Soy feliz, infinitamente feliz, con ése instante mágico que se pierde en las olas del mar; con el roce de las piedras sobre las plantas de mis pies. Descubro, al contacto con el agua, con el sabor de la sal en mis labios; con la paz de un velero blanco que se pierde en el horizonte; que estoy viva; que existo; aquí y allá.

Nota: El descanso duró, lo que dura un suspiro y ya estoy aquí otra vez, lista para reanudar mis tareas. Espero que hayáis podido descansar también vosotros. Ya tengo un par de historias en la chistera, que espero postear pronto. Os dejo algunas fotos del descanso, que deseo compartir. Un abrazo a todos y muchas gracias por las visitas y comentarios.