2. La Prisión de la Ignorancia
LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")
Tras los primeros segundos de duda, la Reina-Madre echó mano de sus dotes de mando y dijo a la joven e impaciente abeja:
- Mira Abi, yo no puedo cambiar tu destino. Además, no veo por qué te preocupa tanto vivir cuarenta y cinco días si al final todas vamos a morir.
- ¡Uf! Reina-madre, no es igual. Usted abejea, yo no.
- ¿Abejeo? ¿Qué significa eso?
- Pues que tiene contacto carnal con los zánganos y además de pasárselo bien, tiene descendencia. En cierto sentido es inmortal. Y las demás abejas, pues ya sabe, ni diversión ni descendencia.
(Entonces pensó la Reina-madre: "Menudo hueso me ha tocado; con crisis de adolescencia incluida. ¿Qué habré hecho yo mal para alumbrar semejante espécimen? Un zángano ebrio, seguro.")
- ¡Guardias! ¡Encerradla! Abi ha perdido el juicio.
Las cuatro centinelas que estaban junto a la puerta de la alcoba real, entraron para conducir a Abi a una celda-prisión. La pobre Abi, dada su juventud, ni siquiera sabía qué había hecho mal.
De camino a su celda-prisión, si dio cuenta de que, en realidad, no sabía predecir el futuro porque de haber sabido las consecuencias de su entrevista, nunca habría ido a ver a la Reina.
Las centinelas la obligaron a tumbarse dentro de un celda vacía y llamaron a una abeja cerera para que la cubriera de cera, dejándole sólo un huequito para respirar. ¡Una tumba en vida!
Afortunadamente, al segundo día de su permanencia en prisión; la capacidad de Abi para ver más allá de lo aparente volvió a funcionar. Por el olor y el ruido exterior (sus compañeras de profesión pasaban transportando el polen en sus patas traseras y lo soltaban en las celdas-despensas sacudiendo sus extremidades) concluyó que su celda-prisión estaba junto a la zona de almacenaje del polen.
Durante la noche cuando las centinelas estaban menos alertas, Abi comenzó a rascar con sus patas la cera que cubría su celda y al amanecer se encogió un poquito a fin de que pareciese que la celda estaba vacía. Con el nuevo día, hubo un cambio de guardias y comenzó el trajín de las abejas obreras. Éstas al ver que la celda-prisión estaba abierta y vacía, la confundieron con una celda-despensa y empezaron a soltar polen. Al cabo de unas horas, Abi estaba completamente cubierta de polen y, entonces, sacando fuerzas del deseo, se propulsó hacia fuera con sus patitas traseras y echó a volar envuelta en una nube de polvillo. Las centinelas y las abejas obreras, al tomar a Abi por un ser monstruoso (aún no habían aprendido a ver más allá de lo aparente) salieron huyendo.
Cuando se hubo alejado casi un kilometro de su colmena y tras comprobar que no la seguían, se posó en una flor a descansar y a coger alimento. Y sólo entonces comenzó a idear un plan....
©2006 Andrea Recol
(Continuará...) Para ir al capítulo 3, pincha aquí
Tras los primeros segundos de duda, la Reina-Madre echó mano de sus dotes de mando y dijo a la joven e impaciente abeja:- Mira Abi, yo no puedo cambiar tu destino. Además, no veo por qué te preocupa tanto vivir cuarenta y cinco días si al final todas vamos a morir.
- ¡Uf! Reina-madre, no es igual. Usted abejea, yo no.
- ¿Abejeo? ¿Qué significa eso?
- Pues que tiene contacto carnal con los zánganos y además de pasárselo bien, tiene descendencia. En cierto sentido es inmortal. Y las demás abejas, pues ya sabe, ni diversión ni descendencia.
(Entonces pensó la Reina-madre: "Menudo hueso me ha tocado; con crisis de adolescencia incluida. ¿Qué habré hecho yo mal para alumbrar semejante espécimen? Un zángano ebrio, seguro.")
- ¡Guardias! ¡Encerradla! Abi ha perdido el juicio.
Las cuatro centinelas que estaban junto a la puerta de la alcoba real, entraron para conducir a Abi a una celda-prisión. La pobre Abi, dada su juventud, ni siquiera sabía qué había hecho mal.
De camino a su celda-prisión, si dio cuenta de que, en realidad, no sabía predecir el futuro porque de haber sabido las consecuencias de su entrevista, nunca habría ido a ver a la Reina.
Las centinelas la obligaron a tumbarse dentro de un celda vacía y llamaron a una abeja cerera para que la cubriera de cera, dejándole sólo un huequito para respirar. ¡Una tumba en vida!
Afortunadamente, al segundo día de su permanencia en prisión; la capacidad de Abi para ver más allá de lo aparente volvió a funcionar. Por el olor y el ruido exterior (sus compañeras de profesión pasaban transportando el polen en sus patas traseras y lo soltaban en las celdas-despensas sacudiendo sus extremidades) concluyó que su celda-prisión estaba junto a la zona de almacenaje del polen.
Durante la noche cuando las centinelas estaban menos alertas, Abi comenzó a rascar con sus patas la cera que cubría su celda y al amanecer se encogió un poquito a fin de que pareciese que la celda estaba vacía. Con el nuevo día, hubo un cambio de guardias y comenzó el trajín de las abejas obreras. Éstas al ver que la celda-prisión estaba abierta y vacía, la confundieron con una celda-despensa y empezaron a soltar polen. Al cabo de unas horas, Abi estaba completamente cubierta de polen y, entonces, sacando fuerzas del deseo, se propulsó hacia fuera con sus patitas traseras y echó a volar envuelta en una nube de polvillo. Las centinelas y las abejas obreras, al tomar a Abi por un ser monstruoso (aún no habían aprendido a ver más allá de lo aparente) salieron huyendo.
Cuando se hubo alejado casi un kilometro de su colmena y tras comprobar que no la seguían, se posó en una flor a descansar y a coger alimento. Y sólo entonces comenzó a idear un plan....
©2006 Andrea Recol(Continuará...) Para ir al capítulo 3, pincha aquí





