8. La increíble transformación (¡FINAL!)
LA ASOMBROSA VIDA DE LA ABEJA ABI GONZÁLEZ (DE LA SERIE "CUENTOS EN INCUBACIÓN")
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Los escuadrones de Abi eran superior en número que los de la Reina pero, como un barco sin capitán navega a la deriva, la ausencia de líder las hacía sentirse huérfanas y tremendamente vulnerables frente al enemigo. Poco a poco, las filas de Abi empezaron a causar algunas bajas. Angustia, desolación, miedo...
- ¿Por qué nos habrá abandonado? Preguntó Fernanda a Jacinta cuando ambas se encontraron tras un árbol tomando fuerzas para volver al ataque.
- No lo sé.
- Moriremos.
- No lo sé.
- Sí, estoy segura, moriremos todas.
- ¡Tenemos que rescatar a nuestras hermanas Fernanda! Nos colaremos en la colmena como sea.
Enfilaron con la decisión de las suicidas hasta el portal de la casa real y cuando estuvieron a unos dos o tres cuerpos de distancia de la entrada, rozaron sus alas para doblar su capacidad de ataque y poder penetrar en el interior de la colmena. Esquivando a todas aquellas que les impedían el paso llegaron por fin dentro y se dieron cuenta que en el interior nadie les atacaría porque sólo había zánganos muy jóvenes (de unos dos o tres días). Preguntaron a los zánganos dónde estaba la prisión y éstos les indicaron el camino sin oponer resistencia alguna. Al llegar, quitaron primero la cera sobre la celda de una prisionera, que una vez libre ayudó a sus intrépidas liberadoras a rescatar al resto.
- ¿Dónde está Abi?- preguntó a Jacinta una de las recién liberadas.
- No lo sabemos.
- Necesita más alimento, sino morirá.
- Debemos encontrarla- dijo otra liberada.
- Moriremos todas- dijo Fernanda.
- Tenemos que conseguir primero que entre en la colmena el mayor número de nuestras hermanas.
- Si salimos, nos matarán- dijo Inés.
- Pidámosle a los zánganos que nos ayuden a dar el aviso. A ésos, les da igual- dijo Rosa.
- Buena idea, buena idea- contestó Jacinta.
Y así fue cómo decidieron dar instrucciones a un grupo de zánganos para que salieran a decirles a las seguidoras de Abi que, poco a poco, intentarán entrar a la colmena. A los zánganos, dada su juventud e ignorancia, aquella misión les pareció un juego; era como jugar al "pilla pilla" pero mucho más entretenido porque, en medio de una gran trifulca, tenían que dar un mensaje secreto a uno de los ejércitos. Sin duda, esperaban darse unos buenos chutes de adrenalina con un puñado de emociones fuertes.
No obstante, nada más dejar la colmena, se encontraron de sopetón con la Reina que tenía ya a los escuadrones de ambos bandos completamente doblegados. La batalla había cesado y todas las abejas, sin excepciones, la seguían. Era una Reina esbelta, de suave rostro iluminado, mucho más joven que el que todas recordaban.
- Para una vez que teníamos un trabajillo, viene la soberana y lo estropea todo. Con lo entretenida que estaba la batalla. ¡Hay que jorobarse!- dijo un zángano al oído de otro.
- Sí y luego dicen que somos vagos.
La Reina penetró sin problemas a la colmena y se encontró de frente con Jacinta y el resto de sus seguidoras.
- No temáis, soy Abi - dijo con voz solemne.
Fernanda y Jacinta empalidecieron del asombro. La pequeña Abi, que contaba ya con diecisiete días de edad, se había transformado completamente, tanto que no parecía la misma: su tronco y sus extremidades eran mucho más largos que los de una abeja obrera. Sin embargo, a pesar de su afinamiento, pronto se descubriría que el interior de su vientre se alojaban miles de huevos, tras haber pasado parte del día con cuatro zánganos.
Las abejas que habían sido hecho prisioneras, en medio de la desesperación, no había tenido tiempo de contar la buena nueva a Jacinta y Fernanda. Estas abejas reaccionaron con la calma de quien conoce su misión, pues el alimento que alcanzaron suministrar a Abi por una vez, era el mismo que el que suministraban a la vieja Reina: jalea real, por lo tanto, había sido fácil para ellas concluir que Abi era en realidad una Reina.
- Y la otra Reina ¿dónde está?- preguntó Jacinta temerosa.
- No os preocupéis, he venido a buscarla.- Era Raimunda quien nuevamente apareció, como por arte de magia, en el interior del abejar.
Raimunda se dirigió sin dudar a los aposentos de la vieja Reina, que permanecía ahí escondida y parecía sollozar en soledad.
- Ha llegado la hora de partir; se ha iniciado un nuevo ciclo - le dijo a la vieja Reina, asomando la nariz en la habitación real.
- ¿Por qué? -preguntó una abeja muy pequeñita y curiosa que observaba de cerca todo lo ocurrido y había escuchado a Raimunda.
- Porque cuando una Reina se hace mayor, sólo engendra zánganos.
- ¿Y los zánganos no sirven de nada?
- No. Sin los zánganos ninguna de nosotras existiría. Pero, si sólo hay zánganos entonces la colmena no puede subsistir. Todos tenemos un importante papel que cumplir dentro y fuera del panal, porque todos somos, en realidad, sólo uno.
Al escuchar las palabras de Raimunda, la vieja Reina accedió a salir y se fue volando junto a ella. Pudo ocupar entonces la cámara real. "¡Vaya fujada! Lo sé todo...y ahora a poner huevos" - pensó entonces con cierta resignación, Abi González, la nueva Reina de la mejor colmena de Hierbo Verdo, en un país llamado Latino.©2006 Andrea Recol
-FIN-
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Los escuadrones de Abi eran superior en número que los de la Reina pero, como un barco sin capitán navega a la deriva, la ausencia de líder las hacía sentirse huérfanas y tremendamente vulnerables frente al enemigo. Poco a poco, las filas de Abi empezaron a causar algunas bajas. Angustia, desolación, miedo...- ¿Por qué nos habrá abandonado? Preguntó Fernanda a Jacinta cuando ambas se encontraron tras un árbol tomando fuerzas para volver al ataque.
- No lo sé.
- Moriremos.
- No lo sé.
- Sí, estoy segura, moriremos todas.
- ¡Tenemos que rescatar a nuestras hermanas Fernanda! Nos colaremos en la colmena como sea.
Enfilaron con la decisión de las suicidas hasta el portal de la casa real y cuando estuvieron a unos dos o tres cuerpos de distancia de la entrada, rozaron sus alas para doblar su capacidad de ataque y poder penetrar en el interior de la colmena. Esquivando a todas aquellas que les impedían el paso llegaron por fin dentro y se dieron cuenta que en el interior nadie les atacaría porque sólo había zánganos muy jóvenes (de unos dos o tres días). Preguntaron a los zánganos dónde estaba la prisión y éstos les indicaron el camino sin oponer resistencia alguna. Al llegar, quitaron primero la cera sobre la celda de una prisionera, que una vez libre ayudó a sus intrépidas liberadoras a rescatar al resto.
- ¿Dónde está Abi?- preguntó a Jacinta una de las recién liberadas.
- No lo sabemos.
- Necesita más alimento, sino morirá.
- Debemos encontrarla- dijo otra liberada.
- Moriremos todas- dijo Fernanda.
- Tenemos que conseguir primero que entre en la colmena el mayor número de nuestras hermanas.
- Si salimos, nos matarán- dijo Inés.
- Pidámosle a los zánganos que nos ayuden a dar el aviso. A ésos, les da igual- dijo Rosa.
- Buena idea, buena idea- contestó Jacinta.
Y así fue cómo decidieron dar instrucciones a un grupo de zánganos para que salieran a decirles a las seguidoras de Abi que, poco a poco, intentarán entrar a la colmena. A los zánganos, dada su juventud e ignorancia, aquella misión les pareció un juego; era como jugar al "pilla pilla" pero mucho más entretenido porque, en medio de una gran trifulca, tenían que dar un mensaje secreto a uno de los ejércitos. Sin duda, esperaban darse unos buenos chutes de adrenalina con un puñado de emociones fuertes.
No obstante, nada más dejar la colmena, se encontraron de sopetón con la Reina que tenía ya a los escuadrones de ambos bandos completamente doblegados. La batalla había cesado y todas las abejas, sin excepciones, la seguían. Era una Reina esbelta, de suave rostro iluminado, mucho más joven que el que todas recordaban.
- Para una vez que teníamos un trabajillo, viene la soberana y lo estropea todo. Con lo entretenida que estaba la batalla. ¡Hay que jorobarse!- dijo un zángano al oído de otro.
- Sí y luego dicen que somos vagos.
La Reina penetró sin problemas a la colmena y se encontró de frente con Jacinta y el resto de sus seguidoras.
- No temáis, soy Abi - dijo con voz solemne.
Fernanda y Jacinta empalidecieron del asombro. La pequeña Abi, que contaba ya con diecisiete días de edad, se había transformado completamente, tanto que no parecía la misma: su tronco y sus extremidades eran mucho más largos que los de una abeja obrera. Sin embargo, a pesar de su afinamiento, pronto se descubriría que el interior de su vientre se alojaban miles de huevos, tras haber pasado parte del día con cuatro zánganos.

Las abejas que habían sido hecho prisioneras, en medio de la desesperación, no había tenido tiempo de contar la buena nueva a Jacinta y Fernanda. Estas abejas reaccionaron con la calma de quien conoce su misión, pues el alimento que alcanzaron suministrar a Abi por una vez, era el mismo que el que suministraban a la vieja Reina: jalea real, por lo tanto, había sido fácil para ellas concluir que Abi era en realidad una Reina.
- Y la otra Reina ¿dónde está?- preguntó Jacinta temerosa.
- No os preocupéis, he venido a buscarla.- Era Raimunda quien nuevamente apareció, como por arte de magia, en el interior del abejar.
Raimunda se dirigió sin dudar a los aposentos de la vieja Reina, que permanecía ahí escondida y parecía sollozar en soledad.
- Ha llegado la hora de partir; se ha iniciado un nuevo ciclo - le dijo a la vieja Reina, asomando la nariz en la habitación real.
- ¿Por qué? -preguntó una abeja muy pequeñita y curiosa que observaba de cerca todo lo ocurrido y había escuchado a Raimunda.
- Porque cuando una Reina se hace mayor, sólo engendra zánganos.
- ¿Y los zánganos no sirven de nada?
- No. Sin los zánganos ninguna de nosotras existiría. Pero, si sólo hay zánganos entonces la colmena no puede subsistir. Todos tenemos un importante papel que cumplir dentro y fuera del panal, porque todos somos, en realidad, sólo uno.
Al escuchar las palabras de Raimunda, la vieja Reina accedió a salir y se fue volando junto a ella. Pudo ocupar entonces la cámara real. "¡Vaya fujada! Lo sé todo...y ahora a poner huevos" - pensó entonces con cierta resignación, Abi González, la nueva Reina de la mejor colmena de Hierbo Verdo, en un país llamado Latino.©2006 Andrea Recol
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